Librería virtual. No poseemos local comercial.
Edición: 2025
Páginas: 156
Dramaturgia con ilustraciones a color
Libro cosido a mano, con hilo teñido, tapas a dos tintas impresas en serigrafía. Acompaña una postal de regalo.
Obra premiada como:
Mejor dramaturgia 2023 por la Agencia Córdoba Cultura
Mejor obra 2026 por los premios SIRIPO
Mejor diseño lumínico 2026 por los premios SIRIPO
FRAGMENTO DE RESEÑA x LETICIA PAZ SENA
“Este libro que tenemos entre las manos es el intento que reúne los intentos por decir. Decir lo que no se puede decir porque las palabras son incapaces de circunscribir el horror, de describir el tamaño del daño, de dimensionar el tiempo amorfo de las consecuencias de la violencia. Reúne los trazos materiales que, inscriptos en la página –o surcados en el espesor de la escena–, ensayan maneras posibles de develar un secreto familiar, denunciar al culpable y sus encubridores, gritar el dolor, relatar un recuerdo astillado, dar nombre al espanto, dar consuelo a un cuerpo lastimado de forma irreparable. Todas formas del decir, de rodear el silencio y hacer de él la materia de una palabra nueva, al mismo tiempo imposible y necesaria. «Hablar para inventar una distancia de lo que duele», se anuncia antes del prólogo.
Este libro nos ubica, a quienes leemos, en la grieta áspera entre la palabra y el silencio. Porque el silencio puede ser la muralla que protege a los monstruos de este mundo, y entonces harán falta palabras como alfileres –trece alfileres, infinitos alfileres– que, sutiles, socaven los cimientos de un silencio cómplice. Pero también el silencio es un espacio para la escucha: «es difícil hablar cuando la gente no quiere escuchar», leemos en el intento trece. Silenciar todos los ruidos: silenciar el runrún de los días, silenciar las frases hechas y las estridencias de las pantallas, silenciar los halagos y los insultos, silenciar la cabeza y sus pim pum pam. Shhh. Hay, atrás de todo ese ruido, un murmullo audible, escuchen.”
CONTRATAPA DEL LIBRO x CLAUDIA MASIN
Los monstruos van debajo de la cama habla de todo aquello de lo que no se puede hablar, de aquello que de tan atroz no tiene representación: de lo que ocurre cuando quienes deben cuidarte te dañan, de lo que ocurre con un cuerpo infantil, fácil de romper y de lastimar, de lo que ocurre en la mente de una nena que es arrasada por el tsunami de la crueldad, que no se detiene ni se compadece del dolor ajeno. Me es inevitable pensar que en este mismo momento millones de niñas y mujeres son oscurecidas para siempre por la violencia machista.
Me es inevitable también pensar que la oscuridad es creada por esa violencia, pero también es sostenida por nuestro silencio. Hablemos entonces. Es la palabra, es hablar, es representar en una obra de teatro lo que no tiene nombre, es darle un nombre, es expulsar el veneno y devolverle la vergüenza al violador, al verdugo. Así, es posible reparar el inmenso daño. Es posible, pero siempre en compañía. Como escribe la poeta Beatriz Vignoli: «Venceremos, amor. Venceremos. Toda la música está de nuestro lado».
$65.000,00
Edición: 2025
Páginas: 156
Dramaturgia con ilustraciones a color
Libro cosido a mano, con hilo teñido, tapas a dos tintas impresas en serigrafía. Acompaña una postal de regalo.
Obra premiada como:
Mejor dramaturgia 2023 por la Agencia Córdoba Cultura
Mejor obra 2026 por los premios SIRIPO
Mejor diseño lumínico 2026 por los premios SIRIPO
FRAGMENTO DE RESEÑA x LETICIA PAZ SENA
“Este libro que tenemos entre las manos es el intento que reúne los intentos por decir. Decir lo que no se puede decir porque las palabras son incapaces de circunscribir el horror, de describir el tamaño del daño, de dimensionar el tiempo amorfo de las consecuencias de la violencia. Reúne los trazos materiales que, inscriptos en la página –o surcados en el espesor de la escena–, ensayan maneras posibles de develar un secreto familiar, denunciar al culpable y sus encubridores, gritar el dolor, relatar un recuerdo astillado, dar nombre al espanto, dar consuelo a un cuerpo lastimado de forma irreparable. Todas formas del decir, de rodear el silencio y hacer de él la materia de una palabra nueva, al mismo tiempo imposible y necesaria. «Hablar para inventar una distancia de lo que duele», se anuncia antes del prólogo.
Este libro nos ubica, a quienes leemos, en la grieta áspera entre la palabra y el silencio. Porque el silencio puede ser la muralla que protege a los monstruos de este mundo, y entonces harán falta palabras como alfileres –trece alfileres, infinitos alfileres– que, sutiles, socaven los cimientos de un silencio cómplice. Pero también el silencio es un espacio para la escucha: «es difícil hablar cuando la gente no quiere escuchar», leemos en el intento trece. Silenciar todos los ruidos: silenciar el runrún de los días, silenciar las frases hechas y las estridencias de las pantallas, silenciar los halagos y los insultos, silenciar la cabeza y sus pim pum pam. Shhh. Hay, atrás de todo ese ruido, un murmullo audible, escuchen.”
CONTRATAPA DEL LIBRO x CLAUDIA MASIN
Los monstruos van debajo de la cama habla de todo aquello de lo que no se puede hablar, de aquello que de tan atroz no tiene representación: de lo que ocurre cuando quienes deben cuidarte te dañan, de lo que ocurre con un cuerpo infantil, fácil de romper y de lastimar, de lo que ocurre en la mente de una nena que es arrasada por el tsunami de la crueldad, que no se detiene ni se compadece del dolor ajeno. Me es inevitable pensar que en este mismo momento millones de niñas y mujeres son oscurecidas para siempre por la violencia machista.
Me es inevitable también pensar que la oscuridad es creada por esa violencia, pero también es sostenida por nuestro silencio. Hablemos entonces. Es la palabra, es hablar, es representar en una obra de teatro lo que no tiene nombre, es darle un nombre, es expulsar el veneno y devolverle la vergüenza al violador, al verdugo. Así, es posible reparar el inmenso daño. Es posible, pero siempre en compañía. Como escribe la poeta Beatriz Vignoli: «Venceremos, amor. Venceremos. Toda la música está de nuestro lado».