Toda pieza teatral se constituye alrededor de una rara ecuación: el equilibrio proporcional entre la dimensión d ela obra -su extensión en tiempo, superficie del universo aludido, personajes, volumen de sus ideas- y su capacidad para sostener al espectador en contacto franco y gozoso sobre esa mole: el nunc bien comprendido sentido de entretenimiento, la capacidad de "tener entre". Con estas dos piezas Rafael parece haber encontrado el número de oro, cierto algebra rarón de poderosa armonía sobre aquellas partes: mundos morrocotudos, desarrollados hasta la obsesión, y una cachonda capacidad para seducir espectadores.

La estupidez. El pánico de Rafael Spregelburd

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Toda pieza teatral se constituye alrededor de una rara ecuación: el equilibrio proporcional entre la dimensión d ela obra -su extensión en tiempo, superficie del universo aludido, personajes, volumen de sus ideas- y su capacidad para sostener al espectador en contacto franco y gozoso sobre esa mole: el nunc bien comprendido sentido de entretenimiento, la capacidad de "tener entre". Con estas dos piezas Rafael parece haber encontrado el número de oro, cierto algebra rarón de poderosa armonía sobre aquellas partes: mundos morrocotudos, desarrollados hasta la obsesión, y una cachonda capacidad para seducir espectadores.

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